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Sábado, 01 Diciembre 2018 16:50

EL NIÑO DESCALZO

 Hace mucho tiempo, en un pueblo muy remoto de Francia, vivía un niño llamado Pierre que era huérfano. Había perdido a sus padres a muy temprana edad y vivía con una avariciosa tía, que nunca había sido cariñosa con él. A esta mujer lo único que le importaba era el dinero, a tal grado que hacía de todo para no gastar lo que tenía. Por eso vivían en una casa muy modesta y muy incómoda en invierno. Comían solamente sobras y se calentaban con aceite viejo.

El pobre Pierre ni siquiera tenía zapatos, ya que su malvada tía no quería comprarle unos. Andaba descalzo todo el tiempo, pero nunca había dejado de tener un noble corazón. Pierre soportaba los malos tratos de su tía con una actitud optimista y era amable con los demás.

Cuando llegó el invierno, el niño se talló unos suecos de madera para poder proteger sus pies de la nieve. En la víspera de Navidad, se encontraba muy nervioso por la llegada de Papá Noel. Debía dejar sus zapatos junto a la ventana para que el buen hombre pudiera dejarle sus regalos, apenas llegara con su tía de la Iglesia, donde daban la tradicional Misa de Gallo. No obstante, al estar a punto de entrar en su casa, Pierre vio a un niño en la calle que se moría de frío, ya que tampoco tenía zapatos. Sintió tanta lástima por él, que sin dudarlo se quitó uno de los suyos y se lo regaló. —¡Ya has perdido uno de tus suecos! —lo regañó su desagradable tía— ¡Pues a ver como lo repones, porque no voy a dejar que gastes otro tronco de leña para tallar uno nuevo! Ahora te vas a la cama sin cenar.

Muy triste, Pierre se fue a su habitación, pero antes dejó su sueco restante en la ventana. A la mañana siguiente, los niños jugaban entre la nieve con sus juguetes nuevos. Pierre corrió a ver su zapato y se quedó impresionado. Papá Noel le había dejado no solo un par de relucientes zapatos nuevos, sino juguetes y todo lo que necesitaba para pasar el invierno: abrigos, ropa, suéteres, gorros y bufandas. Hasta le había obsequiado un par de mantas muy calientitas para pasar las noches invernales.

Además, le había dejado una cesta llena de comida deliciosa para disfrutar en Navidad muy emocionado, Pierre salió de su casa y vio un trineo majestuoso en la nieve, desde el cual un hombre barbudo y vestido de rojo le sonreía bondadosamente. ¡Era Santa Claus! Y a su lado iba un niñito vestido de blanco, que sostenía el sueco que él le había regalado. Era el niño Jesús, quien también lo había recompensado por ser tan bueno.

Pierre nunca olvidó la importancia de la generosidad en las navidades.

Fuente:  xn--cuentoscortosparanios-ubc.org/el-nino-descalzo/

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Sábado, 29 Septiembre 2018 17:44

MIS TENIS VIEJOS

Cuando el año pasado decidí que debía ponerme a caminar diariamente, empecé a hacerlo con los tenis que ya tenía y que usaba simplemente para estar cómodo.

Al pasar de las semanas y en cuanto pude, me compré un par de tenis nuevos –de esos de “marca”– y luego otros. Mis tenis viejos quedaron olvidados en un rincón. Esta mañana, cuando me preparaba para mí matinal caminata, buscando otra cosa encontré guardados aquel par de tenis azules que tan fielmente me habían acompañado por tantos kilómetros, por tantos paisajes, por tantos momentos de reflexiva soledad mientras caminábamos juntos por esos caminos.

Mi primera impresión fue que me miraron con reproche; pero no, me vieron con una mirada dulce, tierna y hasta con ilusión, como diciéndome: –míranos, aquí estamos, ¡vámonos a caminar como antes!–.Sin pensarlo dos veces, los tomé casi acariciándolos y me los calcé.

Como en los viejos tiempos, sentí lo cómodo que eran y aunque al llevar unos cuantos pasos percibí unas cuantas piedrecillas que se habían quedado dentro de ellos desde nuestra última caminata, simplemente me detuve, retiré las piedrillas y seguimos caminando felizmente.

Esos tenis viejos me recordaron que así es la vida también, y que como ellos, tenemos amigos que al andar por los senderos que tomamos, vamos dejando a un lado, como olvidados, ( y que a veces también por tonterías –piedrillas– dejamos de ver) mientras al mismo tiempo hacemos nuevos amigos que acompañan nuestro andar.

A mis amigos de siempre les digo: aunque a veces parezca que los he olvidado, aquí estoy siempre para ustedes, muchas gracias por estar siempre allí, aguardando por mi; y si alguno me ha dejado por allí en un rincón, cuando me busquen les diré como mis tenis: ¡Aqui estoy, vámonos a caminar!

Aportación: Oscar E. Cardenas Junco (N.L.)

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Viernes, 01 Junio 2018 17:18

La Historia de un Niño

Pablo, un niño de seis años, una mañana decidió preparar unas tortillas para su papá. Llegó a la cocina y encontró un gran tazón y una cuchara, acerco una silla a la mesa, y trato de alzar el pesado paquete de harina para abrirlo. Pero la mitad del paquete quedo desparramada entre la mesa, la silla y el suelo.

Tomó todo lo que pudo con sus manitos y la puso dentro del tazón, y después le puso un poco de leche y azúcar, haciendo una mezcla pegajosa que empezaba a chorrear por los bordes. Además habían ya pequeñas huellas de harina por toda la cocina, dejadas por él y por su gatito. Pablito estaba totalmente cubierto con harina, y estaba empezando a ponerse triste.

El quería darles una sorpresa a sus papás haciendo algo muy bueno, pero todo le estaba saliendo al revés. No sabía que más había que agregar a su pasta, o si había que hornear las tortillas y además ni siquiera sabía cómo usar el horno.

Cuando levanto su mirada, vio a su gatito sobre la mesa lamiendo el tazón, por lo que corrió a apartarlo, pero por accidente se volcó el cartón de la leche y además se quebraron unos huevos que habían sobre la mesa al caer al suelo. Intento agacharse para limpiarlo pero se resbalo y quedo con todo su pijama pegajoso, lleno de harina y huevo. Levanto su cabecita y en ese momento vio a su papá de pie en la puerta. Dos grandes lágrimas entonces se asomaron a sus ojos. El solo quería algo bueno, pero en realidad lo que había causado era un gran desastre. Estaba seguro de que su papá le iba a regañar y muy posiblemente le iba castigar.


Pero su papá solo lo miraba, en medio de aquel desorden....


Entonces, caminando encima de todo aquello, sin decirle ni una sola palabra, tomo en sus brazos a su hijo que no cesaba de llorar, sin importarle llenarse el mismo de harina y huevo y apretándolo contra su pecho lo abrazo con un amor infinito. 

 

Fuente: escuelainfantillaestrellademar.wordpress.com/2016/03/19/una-historia-de-mi-papa/

 

 

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Lunes, 02 Abril 2018 21:02

La Familia pie de Paseo en la Playa

Resulta que la Familia Pie se fué de vacaciones de verano a la playa. Iban muy contentos porque habían esperado un año para este acontecimiento, y pronto llegaron a su destino.

El dedo gordito del pie derecho era el papá, el del pie izquierdo, la mamá y los demás, los hijitos, todos muy contentos empezaron a correr por la arena hacia el mar, y se iniciaron los brincos, la arena estaba muy caliente, y no traían puestas las sandalias. Entonces se sentaron, y los papás les comenzaron a explicar que tenían que cuidarse mucho, porque las plantas de los pies son muy sensibles, y además de quemarse pueden tener otras consecuencias.

Sin embargo una buena caminata en la arena mojada,  hacen mucho bien a la piel, la arena tiene la textura para exfoliar, la piel de los pies de células muertas, y, el agua salada es un limpiador natural… también les recomendaron tener cautela ya dentro del mar,  pues puede haber pedazos de conchitas filosas u objetos que el mar expulsa con el oleaje que pueden lastimar la piel, es por eso que es muy bueno protegerse con lo adecuado.

Todos estuvieron de acuerdo en lo importante que es protegerse, la cabeza y cara con un sombrerito, un buen bloqueador de rayos  UV para no sobreexponer la piel y que se irrite,  ponerse unas sandalias especiales para entrar al mar .  Y promover el hábito de acudir al podólogo para checarse, donde también les darían mas consejos sobre como cuidarse y siempre estar sanos. 

Todo lo que vale la pena requiere esfuerzo….

Y ¿que es mas importante que mantenernos sanos?

Y poder disfrutar todo lo bello que se nos presente….

 

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Jueves, 25 Enero 2018 21:54

Una Larga Amistad

Formo parte de un grupo de cuatro amigas. Nos conocemos desde la primaria y ahora ya somos de edad madura. Siempre hemos sido muy unidas, nos platicamos todo (o casi todo), nunca hemos tenido un problema, ni una diferencia.  Nos conocemos tan bien, que a veces nos adivinamos el pensamiento.

Si alguna se enferma, las demás están cerca para ver si se ofrece algo. También en ocasiones nos vamos de viaje juntas. A veces con nuestras familias.

Recientemente estábamos recordando todas nuestras vivencias, y nos pusimos a pensar en las diferentes etapas de la vida por las que pasamos, y para tener puntos de referencia se nos ocurrió recordar los zapatos que hemos usado.

Comenzamos por los zapatos escolares, y así hasta que llegamos a los del frente terminado en punta y los altísimos tacones de aguja. Y ahí fue cuando nos dimos cuenta de cuantos años sufrimos usándolos, pero los soportábamos porque era la moda.  Pero terminamos con problemas en los pies, callos dolorosos, dolor en la columna, etc.

Ahora que somos señoras mayores, y que usamos zapatos de punta redonda y tacón mediano nos reímos de nuestro dolor de entonces. Y es que ahora afortunadamente sabemos de la existencia de los podólogos, que además de embellecer nuestros pies, nos aconsejan como cuidarlos y enseñar a nuestras familias a que cuando tienen problemas de sus pies, acudan al podólogo. Nosotras vamos las cuatro con el mismo.

De haber sabido que había profesionales de los pies en los tiempos del tacón de aguja, no hubiéramos sufrido tanto. Debemos valorar el trabajo y la dedicación de las personas que practican la Podología.

En nombre de mis amigas y en el mío, gracias señores podólogos.

 

Por: Maru Figueroa Vega (N.L.)

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Jueves, 30 Noviembre 2017 22:00

MIS PIES EN NAVIDAD

Es una fría mañana y mis pies están despertando, empezamos el día con un rico baño en agua tibia y luego nos ponemos talco, porque será divertido pero largo y cansado.

Nos arreglamos para estar listos en este día especial. Será un poco agotador y algo ajetreado pues muchas personas vendrán a la reunión familiar y es una ocasión largamente esperada porque es cuando se cuenta con la presencia de miembros de la familia que no vemos con frecuencia, ya que algunos viven en otras ciudades.

Tenemos planeado poner  la estrella en la punta del pino que se encuentra en la sala, prenderemos las luces navideñas y cantaremos villancicos en el karaoke.

La alegría se siente en las calles, todos los pies llenos de energía caminando apresurados de un lado a otro, haciendo sus compras de último momento; llegamos al metro el cual se encuentra lleno de personas, pagamos el pasaje y nos dirigimos al vagón 30 minutos después llegamos a la fiesta. Mis pies empiezan  a trabajar, empezamos ayudando a colocar los adornos navideños por toda la casa, a preparar la cena y arreglar el pino.

La familia llega y la música empieza, mis pies más felices que nunca empiezan a bailar canción tras canción, hasta que ya no podemos más, llegamos a una silla  y descansamos.

Y es en ese momento cuando miramos a nuestro alrededor y nos damos cuenta que el regalo más valioso en la Navidad es esta maravillosa unión familiar, por la que damos gracias.

 

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Miércoles, 26 Julio 2017 20:29

FELIZ DÍA DE LA INDEPENDENCIA

Por la mañana cuando desperté, mis pies sabían que hoy era el día, se sienten muy contentos, pues es la fecha en que se celebra la patria y  todo nuestro país va a estar de fiesta.

Nos metemos a bañar,  seco muy bien mis dedos de los pies, calcetas suaves de algodón y zapatos negros cómodos para caminar, el camino es largo pero el solo pensar en los fuegos artificiales les motiva a seguir.

El recordar la antigua y muy imponente historia, despierta en ellos un mismo sentimiento: el espíritu de libertad de una nación, de libertad no únicamente de ideas, sino también  la desaparición de la esclavitud, y un camino a la igualdad.

En este momento amar a la patria es su único sentimiento, y el deseo del festejo es su pasión, son leales a la tierra que los vió crecer, a sus colores, sabores, tradiciones y celebraciones.

Así que no importa lo largo o corto del recorrido, los pies de todos lados se unen en un mismo caminar hacia el centro de la ciudad.

Y al finalizar el trayecto justo en el centro, observan en el cielo esos colores en su bandera, brillantes, relumbrantes y asombrosos; y mis pies emocionados,  dejándose llevar por la excitación de la fiesta, bailan y brincan. Y aquellos pies que se encuentran cansados solo admiran como los colores verdes, blancos y rojos iluminan el cielo...

 

Feliz Día de la Independencia.

 

Autor: Rachel Molina (Nuevo León) Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

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Sábado, 27 Mayo 2017 15:45

HISTORIA DE UNOS PIES

Esta es la historia de unos pies. Unos muy pequeños, oscuros y gastados que siempre van descalzos. No hay zapato en este mundo que aguante su ritmo de vida y para ellos no existe el frío ni el dolor. Pies que se pasan el día corriendo por las calles a medio hacer, escalando muros tras los que se perdió la pelota en el partido de fútbol, trepando árboles y saltando en charcos llenos de barro. Dos pies que ya se han acostumbrado a la firmeza del suelo y parecen haber creado su propia suela. Que recorren la ciudad desde que amanece hasta que cae el sol y que nunca se cansan.

 

Unas veces son compañeros de juegos y travesuras de niños -al fin y al cabo solo llevan ocho años en tierra firme-. Otras, se hacen los mayores y caminan con un paso más sereno. Uno tras otro, despacio, procurando mantener en equilibrio la caja que los brazos sostienen sobre la cabeza. En esta ocasión se vuelven responsables, aunque no por ello cedan a ponerse los zapatos. Vender todos los limoncillos que contiene la caja es una prioridad para conseguir ganar unas monedas. Toca dejar de lado el escondite por un tiempo.

 

Hoy es uno de esos días. Cae la tarde y toca trabajar. Un trabajo que pocos pies de su edad realizan pero que a ellos no les sorprende. Motiva saber que parte de los beneficios acabarán en el bolsillo del pantalón. Pero lo mejor es hacerlo cuando otros amigos caminan a su lado. Así la tarde se vuelve más divertida. Van de casa en casa con la esperanza de que alguien quiera comprar un manojo de esos frutos verdosos. Al mismo tiempo, el dueño de los pies entona el clásico “¡limoncillo, limoncilloooo!” con un ritmo insustituible que hace salir a algunos de sus casas con cinco pesos en la mano para comprar un ramillete. A veces, entre todo el equipo, formado por cuatro o cinco muchachos de entre seis y once años, logran juntar 150 pesos. Todo un triunfo a una edad a la que el trabajo debería ser un completo desconocido.

 

Los tobillos de estos pies, adornados con decenas de gomas de colores, comunican con dos piernecitas magulladas. A lo largo de su estrecho diámetro, múltiples heridas de “guerra”. Un corte de aquella botella que se puso en su camino cuando echaban una carrera, dos o tres arañazos de esos de peleas entre hermanos y restos de rozaduras mal curadas. Pero, aunque de aspecto frágil, son mucho más fuertes de lo que parecen. Y lo mejor de todo, son capaces de soportar el cuerpo de un niño con una sonrisa enorme y muchas ganas de vivir y disfrutar de la vida.

 

Quién sabe si estos serán los pies de un futuro médico, carpintero o futbolista. Lo que importa es que puedan seguir caminando hacia la escuela cada mañana, jugando en el parque al salir de clase y descansando sin preocupaciones al caer la noche. Por ahora, comparten casa con otros cuatro pares de pies con su misma sangre y tienen un futuro menos incierto gracias a quiénes han querido darles una oportunidad.

 

Fuente:  www.voicesofyouth.org/es/posts/historia-de-unos-pies

 

 

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Miércoles, 29 Marzo 2017 21:50

PEQUEÑOS PIECITOS

En ocasiones, al ver los pies descalzos de mi hijo, reflexiono en todo lo que han pasado y lo que pasarán… y comienzo un diálogo con ellos en silencio:

Pequeños Piecitos que cuido con mi corazón, que protejo del frio y del calor

Espero que crezcan felices, háganlo con honor  y siempre saludables, ¡les deseo lo mejor!

Pequeños Piecitos sé que al crecer podrían estar indefensos, porque son pequeños, pero al pasar el tiempo crecerán.

Y por eso sólo les pido,  que recuerden los consejos que les dió mamá: cuídense  el uno al otro enfrentando siempre los problemas, sin mirar atrás.

Pequeños Piecitos, sé que al ser grandes, podrían querer ser crueles; pero nunca miren con desdén a otros, todos somos iguales y todos tenemos un propósito.

Pequeños Piecitos, nunca olviden sonreír, ya que los problemas siempre van a existir, pero es gracias a la sonrisa que lograrán dejarlos atrás.

Pequeños Piecitos, constantemente miren hacia adelante, aunque el día sea malo no pierdan sus objetivos e ideales.

Pequeños Piecitos, cuiden su salud recuerden que sin ella, la vida se puede tornar difícil, y necesitarán toda su energía para conservarla.

Pequeños Piecitos, no olviden cuanto los quiero, los animo y los valoro, sé que estas palabras por el momento, no las entienden, pero a su tiempo lo harán.

Y Pequeños Piecitos, gracias por existir… hasta la próxima.

 

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Viernes, 27 Enero 2017 22:09

LA UNIÓN FAMILIAR

LA UNIÓN FAMILIAR

Cuando llegó la primavera, la familia de Alex y Martha, junto con sus tres hijos asistieron a un balneario para disfrutar del sol y convivir. Los hijos, Rubén de 15 años y las gemelas Sara y Patty de 13, estaban felices, al fin se había terminado el frío. Estando en la hora de comer, los pies de todos empezaron a platicar:

Los de Rubén dijeron: que agradable es estar así sin zapatos, sintiendo el agua y el pasto.

Los de Sara y Patty comentaron: y en primavera, nuestro vestuario es variado, podemos usar sandalias, tenis o simplemente caminar descalzos.

Entonces los pies de Alex y Martha que los escuchaban, les dieron algunos consejos:

Siempre recuerden que deben cuidarse mucho tanto en primavera como en invierno, porque en el agua y en el pasto puede haber algo que les haga daño, deben secarse muy bien y evitar que quede humedad entre sus deditos, porque pueden contraer algún hongo que les va a causar molestias. Y aún en invierno que estamos cubiertos, también debemos cuidarnos porque los calcetines también aportan humedad.

Los deditos se quedaron pensativos, y luego empezaron a reírse diciendo: es verdad, siempre nos cuidaremos para no enfermarnos, y siguieron disfrutando de la unión familiar.

 

Autor:  Piedi  Romantiche

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Talón de Aquile

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